miércoles, 29 de abril de 2020

Julio Antonio Mella McPartland, nieto del Padre de la Patria, Matías Ramón Mella



Fue un revolucionario cubano. Líder del movimiento de Reforma Universitaria y fundador del Partido Comunista de Cuba. Perseguido por el dictador Gerardo Machado, tuvo que exiliarse en México. Participó en actividades del Partido Comunista de ese país y de la Internacional Comunista. Cuando preparaba un movimiento insurreccional contra Machado, fue asesinado en Ciudad de México por esbirros a sueldo del tirano.

Nació en La Habana el 25 de marzo de 1903. Era hijo del sastre dominicano Nicanor Mella Brea y de Cecilia McPartland y Diez, natural de Inglaterra. Nicanor era hijo del prócer Independentista dominicano, General Matías Ramón Mella y de Josefa Brea.

Por ser fruto de una unión extramatrimonial fue inscrito como Julio Antonio McPartland. En 1910, al viajar su madre a Estados Unidos, quedó bajo la custodia de su padre y cursó estudios primarios en diversos colegios, incluido uno de carácter religioso en Louisiana, Estados Unidos, donde fue llevado por su madre en 1915. De regreso a La Habana continuó los estudios secundarios en la Academia Newton y en los institutos de segunda enseñanza de La Habana y Pinar del Río; en 1920 viajó a México donde intenta infructuosamente ingresar al Colegio Militar de San Jacinto.

De nuevo en Cuba, en 1921 matricula Derecho en la Universidad de La Habana, centro en el que se destacó como deportista; en el se vinculó al movimiento estudiantil, especialmente en la organización de las manifestaciones que repudiaron el intento de otorgar el doctorado Honoris Causa, al representante especial del presidente de Estados Unidos en Cuba, general Enoch Crowder. En 1922 publicó sus primeros artículos en la revista estudiantil Alma Mater —de la cual fue administrador— y al año siguiente, ya como secretario del Directorio de la Federación de Estudiantes Universitarios, encabezó la movilización estudiantil a favor de la Reforma Universitaria que exigía la participación de los estudiantes en el gobierno de la Universidad, la modernización y autonomía de esta, así como la separación de los profesores que incumplían sus responsabilidades docentes.

Este movimiento dio lugar en octubre al Primer Congreso Nacional de Estudiantes que Mella organizó y presidió, en el cual no solo se criticó la situación universitaria, sino que también se denunciaron las principales lacras de la vida nacional. Como parte de su esfuerzo por vincular las luchas estudiantiles con los problemas del país, Mella fundó a finales de 1923 la Universidad Popular José Martí que se proponía elevar la instrucción de la clase trabajadora, cuyas actividades —al igual que la publicación de la revista Juventud— lo vincularon con el movimiento obrero, que por entonces mostraba apreciable ascenso.

En 1924, Mella ya era una figura política de primer plano: impulsa las protestas por la visita del buque Italia, propagandista del fascismo; rechazó las manifestaciones oficiales de agradecimiento a Estados Unidos por la devolución a Cuba de la soberanía sobre Isla de Pinos; fundó la Liga Anticlerical, y habló en actos multitudinarios en distintas ciudades del país. Al año siguiente creó la Liga Antiimperialista y, ya militante de la Agrupación Comunista de La Habana, participó, el 16 de agosto de 1925, en la reunión constitutiva del primer Partido Comunista de Cuba, a cuyo comité central se integró.

Pocos meses antes, el 20 de mayo, había asumido la Presidencia de la República el general Gerardo Machado, personaje autoritario que tenía entre sus objetivos fundamentales la contención —y eventual aplastamiento— del movimiento popular.

En septiembre, Mella fue apresado junto a varios dirigentes obreros bajo la acusación de rebelión, aunque más tarde se le puso en libertad bajo fianza. Casi al mismo tiempo, se originó un incidente entre la esposa de Mella —Olivia Zaldívar— y un profesor universitario en el cual intervino el líder estudiantil, circunstancia que serviría de pretexto para someterle a un consejo disciplinario el cual dictó su expulsión por un curso de la Universidad; la protesta del estudiantado no se hizo esperar, pero la policía irrumpió en el salón de actos del Hospital Universitario, donde Mella hacía uso de la palabra, para hacer cumplir violentamente la arbitraria disposición del rector de la Universidad.

Poco después, en noviembre, Julio Antonio será víctima de otro proceso amañado, esta vez bajo la acusación de haber colocado una bomba en un teatro habanero. Transcurridos varios días en prisión sin proceso legal, Mella optó por declararse en huelga de hambre, decisión en la cual persistiría, no obstante haber sido reprobada por la dirección del Partido Comunista. Tal conducta determinó que se acordase separarlo del Partido, sanción que habrá de prolongarse por casi dos años. Aunque la huelga colocó al joven dirigente al borde de la muerte, originó una ola de protestas de tal envergadura que el gobierno se vio obligado a dejarlo en libertad.

Envuelto casi de inmediato en una absurda acusación, la de haber penetrado sin autorización en el recinto universitario, Mella comprendió que su vida corría inminente peligro y aceptó ir al exilio.

Radicado en México, el líder revolucionario participó en la dirección del Partido Comunista mexicano y en las labores de varias organizaciones de masas, como la Liga Nacional Campesina, a la vez que actuó como dirigente continental de la Liga Antiimperialista.

Al mismo tiempo desarrolló una intensa actividad periodística en publicaciones como El Libertador, Tren Blindado, El Machete, Cuba Libre y Boletín del Torcedor, algunas de las cuales le sirvieron también de vehículo para difundir sus ideas en Cuba.

En febrero de 1927 asistió, en Bruselas, al Congreso contra la Opresión Colonial y el Imperialismo como delegado de la Liga Antiimperialista de las Américas, en el cual presentó la ponencia Cuba, factoría yanqui que había redactado Rubén Martínez Villena. Al mes siguiente viajó a Moscú, donde permanece varias semanas; allí participó en el congreso de la Internacional Sindical Roja relacionándose con dirigentes de la Internacional Comunista. De regreso a México y a las actividades del Partido, se muestra muy activo en varios movimientos de solidaridad —Sandino, Sacco y Vanzetti— y fundó junto a Diego Rivera la Confederación Sindical Unitaria de México, en oposición a la central obrera oficialista.

También encuentra tiempo para reanudar sus estudios de Derecho en la Universidad Autónoma de México, donde fundó la Asociación de Estudiantes Proletarios. Este también fue un período de intensa actividad intelectual y propagandística, durante el cual publicó trabajos relativos a Cuba —Glosas al pensamiento de Martí o ¿Hacia donde va Cuba?, por ejemplo— y a la situación mexicana, así como textos de alcance continental como ¿Qué es el ARPA?, en el cual polemizó con Víctor Raúl Haya de la Torre develando las características de la organización que este fundara.

Aunque Mella no pudo sustraerse a las controversias que afectaban la dirección del Partido Comunista mexicano —expresión de las tendencias en pugna dentro del movimiento comunista internacional—, Cuba continuaba constituyendo su preocupación primordial. Seguidor de la estrategia martiana, hizo de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) —organización que agrupaba a los exiliados cubanos en México—, el medio idóneo para conseguir la unidad del exilio así como para promover un amplio frente de fuerzas populares y nacionalistas en la Isla, capaz de generar el estallido revolucionario.

Los contactos con la Unión Nacionalista de Carlos Mendieta y otras gestiones de propósito insurreccional, alarmaron a Machado quien activó los resortes para eliminarlo. Por una parte, en la prensa cubana se desató una campaña para desprestigiarlo, acusándolo de haber ultrajado la bandera nacional en un acto público, y, por otra, se envían a México agentes con la misión de asesinarlo.

El 10 de enero de 1929, cuando junto a su compañera, la fotógrafa y militante comunista italiana Tina Modotti, regresaba a su casa después de una reunión, Julio Antonio Mella cae abatido por un asesino a sueldo en una calle de Ciudad de México. Sus cenizas fueron traídas a Cuba tras la caída de la tiranía machadista, para ser enterradas en medio de una vigorosa manifestación popular, salvajemente reprimida por el ejército. Hoy reposan en el monumento a su memoria frente a la escalinata de la Universidad de La Habana.

TEXTO:
Julio Antonio Mella. Documentos y artículos, compilación por el Instituto de Historia del movimiento Comunista y de la Revolución Socialista, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

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